Las secuelas de la tortura: la historia de José Vicente, ex concejal venezolano que busca recuperar su movilidad en QR
Cancún.- José Vicente García Ramírez vive en Cancún, lejos de Venezuela y con las secuelas de una persecución que marcó su historia.
En 2016, cuando era concejal en el municipio de San Cristóbal, fue detenido por motivos políticos, convirtiéndose en uno de los primeros concejales presos por esas razones.
Durante su reclusión, detalla, fue trasladado a distintos centros del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), incluido El Helicoide, en Caracas, una instalación señalada por organizaciones de derechos humanos por abusos contra detenidos, donde, según su testimonio, fue víctima de tortura.
Entre las agresiones recibió golpes directos y repetidos en la rodilla derecha con objetos contundentes.
Con el paso del tiempo, las lesiones se agravaron hasta volverse irreversibles; hoy vive con dolor constante y limitaciones para caminar.
Este año, una resonancia confirmó afectaciones severas en ligamentos, meniscos y tejidos blandos.
Ante este escenario, lanzó la campaña “Las secuelas de la tortura aún viven conmigo. Ayúdame a sanar”, con una meta de 300 mil pesos para cubrir una cirugía reconstructiva, hospitalización y rehabilitación.
“Hoy vivo en el extranjero después de haber salido de Venezuela, tratando de reconstruir mi vida después de la persecución política. Sin embargo, las consecuencias físicas de lo que viví en prisión siguen afectando mi salud y mi capacidad de trabajar y moverme con normalidad”, señaló José.
De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de 7.8 millones de venezolanos han tenido que salir de su país.
En México, esta población pasó de poco más de 10 mil personas en 2010 a más de 111 mil en 2024, concentrándose principalmente en la Ciudad de México, así como en entidades del sureste (18.7%) y de la frontera norte (18.1%), según datos del Conapo.
Las consecuencias de la tortura no terminan cuando cesa la agresión, en casos como el de José Vicente, sus efectos pueden persistir durante años y afectar la vida cotidiana.
Esta situación puede dejar lesiones físicas o discapacidades permanentes, así como secuelas psicológicas comp ansiedad, depresión, miedo, dificultades para dormir o concentrarse, e incluso trastorno de estrés postraumático.
En muchos casos, estas consecuencias impactan la capacidad de las personas para trabajar y reconstruir su vida.
