Bélgica 0-0 Irán: Beiranvand, el héroe persa, la muralla que frenó a los Diablos Rojos
Redacción / Grupo Cantón Radio
Estados Unidos, 21 de junio del 2026.- El fútbol volvió a demostrar por qué es el deporte más impredecible del planeta. Desde el imponente Estadio de Los Ángeles, conocido habitualmente como SoFi Stadium, ubicado en Inglewood, California, Bélgica e Irán protagonizaron un partido que terminó sin goles, pero que tuvo todo lo que un aficionado espera de una Copa del Mundo: tensión, emociones, atajadas espectaculares y una afición viviendo cada minuto al límite.

Desde el arranque, los Diablos Rojos de Bélgica tomaron el control del balón. Con Kevin De Bruyne como el cerebro del equipo, los europeos intentaron imponer su estilo, mover la pelota y encontrar espacios ante una selección iraní que salió decidida a resistir y demostrar que también podía competir de tú a tú.
Pero Irán dejó claro que no llegó al Mundial solamente a defender. La selección asiática respondió con personalidad y estuvo cerca de romper el marcador cuando Mehdi Taremi encontró la red tras una gran jugada colectiva. El festejo duró poco: el VAR apareció para revisar la acción y determinó que existía fuera de juego. El grito de gol quedó ahogado y el partido siguió en cero.
Bélgica siguió buscando el camino al gol, pero enfrente apareció un muro llamado Alireza Beiranvand. El arquero iraní tuvo una actuación brillante, negándole varias oportunidades claras a los belgas y manteniendo con vida a un equipo que defendió cada pelota como si fuera la última.
El segundo tiempo trajo todavía más emoción. Bélgica intentaba abrir la puerta, pero el encuentro dio un giro cuando Nathan Ngoy fue expulsado tras detener una oportunidad clara de gol. Con un hombre menos, los europeos tuvieron que resistir los ataques finales de Irán.
Los minutos finales fueron de auténtico suspenso. Bélgica buscó el golpe definitivo, Irán también tuvo sus intentos, pero ninguna selección logró encontrar esa jugada que cambiara la historia.
El marcador terminó 0-0, aunque la sensación fue distinta. Fue un partido de lucha, estrategia y carácter. Un empate que demuestra que en el Mundial no existen rivales pequeños y que cada punto puede convertirse en oro cuando llegue la hora de definir la clasificación.
Bélgica se queda con la frustración de no aprovechar sus oportunidades, mientras que Irán celebra un punto conseguido con orden, sacrificio y una enorme actuación de su arquero Alireza Beiranvand, quien se convirtió en la muralla bajo los tres palos que frenó a los Diablos Rojos.
