Mascotas: Cuando la tierra tiembla, ellos también sufren
Redacción/ Grupo Cantón Radio
Los recientes terremotos en Venezuela evidenciaron el impacto que los desastres naturales tienen sobre perros, gatos y otros animales, quienes también sufren lesiones, estrés y separación de sus familias durante las emergencias.
Cancún, 30 de junio de 2026.- El doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24, descrito por medios como el más fuerte registrado en el país en más de un siglo, no solo dejó miles de personas damnificadas. También dejó una cifra difícil de cuantificar de perros, gatos y otros animales heridos, desorientados, separados de sus familias o atrapados entre los escombros.
La emergencia volvió a poner sobre la mesa una pregunta que suele quedar en segundo plano durante los desastres: ¿qué les pasa a los animales en estos eventos y cómo se los debe tratar después?
Según un artículo de la revista Semana, los animales poseen sentidos más agudos que los humanos, lo que les permite percibir vibraciones y sonidos de baja frecuencia antes o durante el movimiento telúrico. Esa sensibilidad, sin embargo, no los protege, pues videos de seguridad difundidos tras los sismos mostró a perros y gatos corriendo de un lado a otro o buscando refugio debajo de los muebles, comportamientos que reflejan el miedo y la confusión que sienten ante un fenómeno de este tipo.
A esto se suma un componente que muchas veces se subestima: el estrés postraumático. En el sector de Plaza Francia, en Altamira, Caracas, veterinarios realizaron evaluaciones médicas y seguimiento a mascotas que presentaron lesiones, estrés o alteraciones de conducta como consecuencia del sismo, según declaró el médico veterinario Víctor Berna a Venezolana de Televisión.
Las afectaciones más comunes
Tras un terremoto, los cuadros clínicos que con más frecuencia ven los equipos veterinarios en territorio incluyen:
- Fracturas y traumatismos por derrumbes o caídas, sobre todo en animales que quedaron atrapados entre escombros.
- Heridas abiertas, cortes y laceraciones, frecuentemente contaminadas por el contacto con polvo, metal o vidrio.
- Deshidratación severa, en animales que pasaron horas o días sin acceso a agua, especialmente los que quedaron confinados en espacios colapsados.
- Cuadros de estrés agudo y alteraciones de conducta, que pueden persistir semanas después del evento.
- Pérdida de su tutor o de su hogar, lo que añade un factor de vulnerabilidad adicional, sin alimento, resguardo ni atención veterinaria de seguimiento.
El tratamiento después del desastre
La respuesta veterinaria en zonas de desastre suele organizarse en varias etapas, similares a las que se aplican con personas:
Evaluación y triaje inicial. Lo primero es una revisión médica básica para identificar lesiones visibles, nivel de hidratación, signos de shock y estado general. En Caracas, por ejemplo se instalaron puntos de atención veterinaria en plazas públicas como Plaza Francia (Altamira), donde especialistas hicieron evaluaciones médicas y asistencia básica a los animales rescatados, además de coordinar el envío de equipos hacia zonas como La Guaira.
Estabilización y curación de heridas. Limpieza y desinfección de heridas, manejo del dolor, sueros e hidratación para los casos más graves, y derivación a centros con capacidad quirúrgica cuando hay fracturas u otras lesiones que lo requieran.
Resguardo temporal. Mientras se localiza al tutor o se evalúa una adopción, los animales rescatados suelen quedar en refugios o albergues de paso, donde reciben alimento, agua y seguimiento médico mientras dura la emergencia.
Acompañamiento conductual. El manejo del estrés postraumático es parte del tratamiento; se recomienda evitar manipulación brusca, dar tiempo de adaptación, mantener rutinas estables y, en casos más severos, contar con apoyo de un etólogo o veterinario especializado en comportamiento.
Reencuentro con la familia. Uno de los desafíos más grandes es reunir a los animales con sus tutores. Según El Universal, tras el sismo surgió en redes sociales la plataforma ciudadana “Patitas a Salvo”, creada para centralizar reportes de mascotas perdidas, encontradas o que necesitan asistencia urgente; también se identificó el portal “Encuentra a tu mascota” (mascotasvzla.org), que permite publicar reportes con fotografía de animales extraviados o hallados.
Una respuesta que cruza fronteras
La emergencia también activó una ola de solidaridad regional. Según Infobae Colombia, Bogotá habilitó puntos de acopio en distintas localidades para recolectar alimento, medicamentos veterinarios, arena sanitaria y otros insumos destinados a los animales afectados, en una campaña que articuló al Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA), bomberos y fundaciones de protección animal. La revista Semana reportó que, días después, llegaron a Venezuela las primeras siete toneladas de alimento enviadas desde Colombia, con otras quince toneladas en espera de envío, y que se trabaja en la llegada de un equipo veterinario para atender fracturas, heridas y deshidratación en terreno.
Este tipo de movilización refleja un cambio de mirada, cada vez más organizaciones insisten en que la protección animal debe ser parte integral, no un añadido, de los protocolos de respuesta ante desastres naturales, sobre todo en sociedades donde las mascotas son consideradas parte de la familia.
Qué pueden hacer los tutores
Más allá de la respuesta institucional, hay recomendaciones puntuales para quienes conviven con mascotas en zonas sísmicas, según las sugerencias publicadas por Semana en su sección 4 Patas.
Tener un kit de emergencia para el animal (alimento, agua, medicamentos si los necesita, manta, correa o transportadora). Designar a una persona de la familia responsable de la mascota en caso de evacuación. Evacuar siempre con correa, y bozal si es necesario, en el caso de perros, y en guacal o transportadora en el caso de gatos, para evitar que escapen por miedo. No intentar sacar a la fuerza a un gato escondido durante el movimiento sísmico, ni amarrar a los animales a objetos fijos, ya que ambas acciones pueden derivar en lesiones. Evitar gritos y movimientos bruscos, que aumentan el nivel de estrés del animal.
Los terremotos no distinguen entre especies. Y en la respuesta que viene después, cada vez es más claro que tampoco debería hacerlo la ayuda.
