Qué leer: Siddhartha, la novela que nos recuerda que nadie puede vivir por nosotros
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Qué leer: Siddhartha, la novela que nos recuerda que nadie puede vivir por nosotros

Redacción/ Grupo Cantón Radio

Publicada en 1922, por el Premio Nobel de Literatura Hermann Hesse, relata el viaje espiritual de autodescubrimiento de un joven príncipe y brahmán, al cual estamos llamados todos.

Cancún, 1 de julio de 2027.- A propósito del aniversario del nacimiento de Hermann Hesse, este 2 de julio, Siddhartha se mantiene como una lectura imprescindible sobre la búsqueda interior, el amor, el sufrimiento y la necesidad de recorrer nuestro propio camino, con todos o contra todos.

Publicada en 1922, la obra sigue el viaje espiritual de Siddhartha, un joven brahmán que abandona la seguridad de su hogar para emprender la búsqueda de la verdad. En el camino conocerá el ascetismo, el placer, la riqueza, el amor, la pérdida y el sufrimiento, hasta comprender una de las grandes enseñanzas de la vida, que la sabiduría no puede enseñarse; debe vivirse, y nadie puede vivir por nosotros.

Uno de los pasajes más memorables ocurre cuando Siddhartha anuncia a su padre que abandonará el hogar. Ante las preguntas sobre el cansancio, el sufrimiento o incluso la muerte, el joven responde con serenidad que está dispuesto a afrontarlo todo.

—Te fatigarás, Siddhartha.

—Me fatigaré, padre.

—Sufrirás, Siddhartha.

—Sufriré, padre.

—Te morirás, Siddhartha.

—Me moriré, padre.

—Te rendirás, Siddhartha.

—No me rendiré, padre.

Ese diálogo resume una de las ideas centrales de la novela, que nadie puede recorrer nuestro camino por nosotros ni nadie conoce nuestro corazón.

Sin embargo, la novela no es una exaltación del ascetismo. Por el contrario, Hesse muestra que la iluminación no se alcanza únicamente renunciando al mundo. El protagonista necesita atravesar el samsara, es decir, el ciclo de los deseos, el amor, el apego, la riqueza y el dolor, para comprender la existencia.

Esta es quizá la enseñanza más profunda de la novela, no podemos rechazar una parte de la vida sin rechazar también una parte de nosotros mismos.

La novela también nos recuerda que la existencia no es lineal. Siddhartha pasa de la austeridad a la riqueza, del amor carnal con Kamala a la soledad más profunda. Sin embargo, cada experiencia, incluso aquellas que parecen alejarnos de nuestro propósito, termina formando parte del aprendizaje.

La figura de Kamala resulta fundamental en ese aprendizaje. Más que un interés amoroso, representa la entrada de Siddhartha al mundo terrenal. A través de ella conoce la pasión, la belleza y el deseo, pero también descubre que ninguna experiencia humana es inútil cuando forma parte de la búsqueda interior.

Muchos lectores se acercan a Siddhartha siendo jóvenes y regresan a ella años después para encontrar un libro distinto. Porque, en realidad, la novela cambia conforme cambiamos nosotros.

En un mundo marcado por la incertidumbre, las guerras y el ruido constante, volver a Siddhartha es recordar que no existen caminos universales ni respuestas definitivas y que nadie vive mejor que el otro, sino que cada quien responde sus propias interrogantes y, en el camino, se equivoca, ama, se pierde y se reencuentra.

“La sabiduria no es comunicable”, escribió Hesse; la verdad no se hereda ni se aprende de memoria; se construye viviendo.

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