¿Y si Urano y Neptuno nunca fueron gigantes de hielo? Nueva teoría desafía lo que sabíamos del Sistema Solar
Redacción/ Grupo Cantón Radio
Nuevas investigaciones sugieren que Urano y Neptuno podrían estar formados principalmente por roca fundida y no por enormes cantidades de hielo, como se ha pensado durante décadas.
Cancún, 8 de julio de 2026.- Durante décadas, los libros de ciencia clasificaron a Urano y Neptuno como los dos grandes “gigantes de hielo” del Sistema Solar. Sin embargo, un grupo de investigadores plantea que esa definición podría estar equivocada y que ambos planetas podrían serían muy diferentes de lo que se creía.
Un estudio de la Universidad de Zúrich, publicado en la revista Science, señala que ambos mundos no estarían compuestos principalmente por agua congelada y hielo, sino por enormes cantidades de roca fundida, mezclas de gases y materiales sometidos a temperaturas y presiones extremas.
La hipótesis representa un cambio importante en la forma en que entendemos la formación de los planetas más alejados del Sol, dijo Ravit Helled, científico planetario de dicha universidad.

Una clasificación que podría cambiar
El nombre de “gigantes de hielo” surgió porque Urano y Neptuno se formaron más allá de la llamada “línea de hielo” del Sistema Solar, una región donde compuestos como el agua, el amoníaco y el metano podían congelarse durante el nacimiento de los planetas. Durante años se asumió que esos materiales constituían la mayor parte de su interior; sin embargo, nunca ha podido confirmarse por completo.
La única misión que estudió ambos planetas de cerca fue Voyager 2, de la NASA, hace casi cuatro décadas. Desde entonces, la información disponible ha sido limitada.
¿Océanos de magma?
Una de las investigaciones más recientes, elaborada por científicos de la Universidad de California en Los Ángeles, plantea que tanto Urano como Neptuno podrían albergar enormes océanos de magma.
No se trataría de lava como la que existe en la Tierra, sino de roca fundida mezclada con grandes cantidades de hidrógeno y helio bajo presiones gigantescas, señala Edward Young.
Los investigadores llegaron a esta conclusión al estudiar planetas similares descubiertos fuera del Sistema Solar, conocidos como sub-Neptunos, y adaptar esos modelos a las características de Urano y Neptuno.
Según sus simulaciones, el interior de ambos planetas podría estar dominado por materiales rocosos fundidos, sin necesidad de recurrir a grandes cantidades de hielo.
Otras teorías siguen sobre la mesa
No todos los científicos coinciden con esta explicación. Algunos, como Uri Malamud, del Instituto de Tecnología de Israel, consideran que sí existe hielo en el interior de estos planetas, aunque principalmente en forma de metano y no de agua.
Otros, como Vanesa Ramírez, doctora en astronomía de la Universidad de Leiden, proponen que su estructura estaría compuesta por capas diferenciadas de roca, gases y compuestos helados, sin mezclarse completamente. Lo que todos reconocen es que aún existen demasiadas incógnitas sobre la composición real de ambos mundos.

¿Por qué importa conocer su interior?
Los científicos coinciden en que resolver este misterio ayudaría a comprender cómo se formó el Sistema Solar hace más de 4 mil 500 millones de años
Además, Urano y Neptuno son especialmente importantes porque los planetas de tamaño similar son los más abundantes entre los miles de exoplanetas descubiertos alrededor de otras estrellas. Entender qué hay dentro de ellos permitiría mejorar los modelos utilizados para estudiar sistemas planetarios en toda la galaxia.

Incluso el nombre de estos planetas podría cambiar. Algunos investigadores proponen llamarlos “gigantes miscibles”, “subgigantes”, “gigantes exteriores” o incluso “gigantes metálicos”, reflejando que podrían contener muchos más elementos pesados de lo que se pensaba.
Los especialistas coinciden en que la única forma de confirmar estas teorías será enviar una nueva misión espacial.
En 2023, la comunidad científica estadounidense colocó como una de sus principales prioridades una misión orbital hacia Urano que permita analizar directamente su atmósfera, gravedad, campo magnético y estructura interna. Hasta entonces, el debate seguirá abierto.
